el derecho a borrar

Se van llenando de errores estas líneas, un lápiz rojo los señala, denuncia la mala praxis, y se cuenta con gotas el derecho a borrar, la corrección del borde excluye las palabras o algún silencio que no debió ocurrir, y allí en los márgenes la vida se destempla,  arrecian vientos sin dueño, unen sus sensaciones sobre el pelo mojado que crepita, que no deja entender el origen del daño.
 Lo sólido se rompe, amanece en un paisaje ajeno, y busca a tientas con la mano un cuerpo conocido que le diga quién es, que le escriba en los ojos algunas instrucciones para acertar a veces, para volver a un punto que siga en otra parte donde no esté prohibido habitar en la luna, medir con otra regla más acorde al tamaño de sus pies, y contar luego pasos para decir espera, ya he visto que la cumbre es la inversión de un ángulo que crece hasta muy dentro y no se deja ver.


lola lópez-cózar

mapas

Si un día te pierdes, no irá a buscarte quién pronunció el amor, ni quien te dijo ven, me faltas siempre, no irá a buscarte quien lamió tu sonrisa, ni quien pidió más versos, no irá a buscarte quien te perdió otras veces, ni quien te llamaba como un sol para empezar el día.
Si un día te pierdes solo los mapas, el mapa que no logras traducir a la tierra, encontrará el camino para decir te espero, te hará llegar la brújula que te conduzca al llanto y al regreso.

lola lópez-cózar

como hierba


Y en estas tierras chicas la costumbre silencia los sonidos, la radio, el coche, el agua de los grifos, los pensamientos todos como hierba, tan constante su mínimo cambiar que se hacen foto, petrifican el tiempo, luz inamovible ahogando matices y nadie se conoce de tanto conocerse. El deseo cae en días impares y no es más que esa dinámica de la inercia que no descubre nada. El riesgo está medido, es una cifra, una fecha, un teléfono, la identidad anónima del cero. Mirar es repetirse en un juego de espejos alineados. Hablar es tararear la nana que conduce a una cama sin sueños, a un reloj que no cuenta con los amaneceres.


lola lópez-cózar

pura superficie

La desorientación, la pérdida de un rumbo que finalmente no conduce a nada. Las frases hechas que te lanzan para que sigas su estela y regreses y estés, aunque no sepas quién eres, aunque ese lugar no tenga nada tuyo.

El territorio más cercano a tu interior es pura superficie, la piel, el envoltorio de tu cuerpo. Puede que solo en el abrazo logren tocarte dentro, y tocar no es decir, ni explicar, ni preguntar, tocar es entender que la soledad se mitiga con el roce, en ese contacto que es olor y es calor, que te hace consciente de tus márgenes y los diluye así, haciéndote sentir la cercanía.

Miras su cara desde otro ángulo. Es la ceja levantada de la rabia sin retorno posible a la caricia, sus labios apretados, no despiertan al beso, a la ternura.

Miras su cara desde otro ángulo. Es la niña pequeña que come cereales y al hacerlo en el mundo no hay más que extensiones de tierra.

Oscurece. Se apagan las velas como la vida que interrumpe el mecánico bombeo del oxígeno. El silencio completa los recuerdos, escribe tus ojos como si fuesen un libro interminable y cambian de color, se extienden sobre el infinito incomprensible marcado por los huecos de esos alfileres finísimos que ocultaban la prueba del dolor. Clavar no molesta. Sacar de las entrañas de la infancia el insignificante sabor de un cementerio apestando a la futura putrefacción de sus flores…

Se apagan las velas. Si encendieras las luces cambiaría la situación temporal de los deseos. Diría: “dónde estás”, y tú contestarías: “por qué no dices nada”.

lola lópez-cózar

redibujando mapas

En esta tranquila soledad, despliego la geografía de los afectos íntimos, mapas donde se van trazando líneas, espirales de tiempo dedicado, curvas que se acercan buscando el calor de los contornos, uniones de lo cóncavo y convexo, minimizando espacios donde sentir el pulso, acompasando ritmos, cardiacos todos ellos, que resuenan al unísono, que se expanden, se sueltan, se persiguen y rebotan contra el silencio pleno, la memoria constante del encuentro.


En esta tranquila soledad, todo lo que no hemos sido, lo que seremos.

lola lópez-cózar