el valle de los avasallados. homenaje


La palabra escrita, aún leída en voz alta, no es más que pensamiento.

Hay ausencias que se llevan consigo el peso de los lastres que hacen sangre.

Las sirenas de las ambulancias no pronuncian mi nombre a la velocidad del miedo.

Me detengo en la hierba para que todo el paisaje así se torne ajeno, desconozco entonces las curvas y las nubes y descubro impaciente la extraña luz que desprenden los ojos.

Una cortina pende del cielo y la locura cubre las esquinas en sombra que recorres.

Es el valle invisible que me habita el que me vuelve espejo, imán que gira sobre todos los avasalladores de la tierra.

Hay perras que contonean sus miserias delatando la humedad hirviente del amor a sí mismas.

Yo quiero besar las ojeras de la vida que cansa y que no brilla, no remendar los días con lingotes de encanto y dejar las lecturas ocultas en la noche.

Muestras lo que no tienes como una piedra importunando lagos para escribir sus ondas y propagarse en ellas.

No es un cambio de número, del singular al plural concéntrico, uniforme. Uniforme de multitud hambrienta, partes de ahí sin llegar nunca a nada.

Yo quiero tocar la flacidez del tiempo que he vivido, sabiendo que de esperar no seré mariposa, el final es gusano o es incendio, el final es todo lo que soy sin derecho a sorpresas.

Afán de parecer, ser, estar, estar presente treinta horas al día. No aspiro a entender para qué altavoces, mi mundo es de silencio. No preciso buscar la carencia tremenda que fabrica pantallas. No me ampara el desprecio para decir me he ido, el cansancio tal vez, hartura de mirar la vida que adolece adolescencia tapándose las canas del ombligo que explota.

Yo quiero no encontrar nunca el norte, no olvidar que amanece metro a metro en la tierra. 

Quiero construirme en el tamaño de mis manos, aceptar los pliegues de todo mi mutismo, los bastas desmedidos que no explican historias. 

Quiero dejar mi valle intacto de los dominadores de miserias.


lola lópez-cózar

...


Formado de retazos, eres un rascacielos de cimientos muy pobres, estancado en la rabia de la muerte temprana, del huir adelante con todo a medio hacer. Volar por encima de todas las carencias y allí la lluvia, el frío, la provisionalidad de los días que pasan y no valen, esperando un mañana frente a la luna insomne.



De retazos de ausencia, fijado sobre el barro, la ciudad te contempla y esquiva tu derrumbe, la humedad de tus techos cambiando de color y de textura, del llanto hasta la risa, de la risa al diluvio y al portazo.


Rascacielos. Multitud. Soledad y orgullo. El poder del dinero sobre cimientos pobres. Encharcada nostalgia de un futuro hipotético marcado por la constante urgencia de la vida que huye de la muerte y escapa de sí misma.



Afán de cielo, retazo incoherente, del llanto hasta la risa, la soledad, el portazo.



Afán de luna, espía de las noches que escapan a tu encuentro. Niñez perenne y sin medida que inventa nubes en los ríos que pasan y no vuelven.



lola lópez-cózar

...


No hay peor soledad que la de echarte de menos cuando estás a mi lado. Encontrar en tus ojos la mirada perdida, desbocar el silencio en of que te llama.

Imperativo, súplica. Desgarro. Ven.
Ven más allá de estar aquí. Funde el fondo que por detrás se escapa. El lugar eres tú y el tiempo ahora. Ahora yo contigo. Ahora como un siempre, como un aquí constante. No hay más eternidad que este deseo de encontrarme en tus ojos, perdida la mirada del fondo que por detrás se escapa.
Rompe la soledad. Imperativo. Desgarro. Súplica y amor de un lugar que eres tú y un tiempo que es ahora.
No me hagas marchar llorándole a las calles, hablando a los semáforos, quebrando charcos sin saber lo que piso.
Ven y no digamos nada, que el verbo no se cruce en el camino, que el adjetivo suelte su afán de casillero, que mis manos te sujeten la tierra y las tuyas me ofrezcan todo el cielo.


lola lópez-cózar

...


Por qué esa búsqueda ciega hacia ninguna parte, esa cápsula hermética de casa a cuestas. Aprender. Perseguir el agua que traspasa el pelo y más allá ese cráneo herido de preguntas. Tapar el sueño con restos de cansancio. Tocar los calendarios para sentir un día como una isla amable donde crecer sin límite. Detener las flechas que indican un mañana como secuencia lógica de ahora. Cambiar de horóscopo, de oráculo, de destino. Romper lo que se espera de tus uñas ardientes, de tu ardida sonrisa. Perder el corazón con los zapatos puestos y encontrar la cabeza con la ropa a una legua del pudor más cercano. Y reír, reír de llanto, reír de incomprensión. Llorar de dudas y certezas. Tomar aire en cada punto de vista y tomar distancia para aplacar lo obvio. Rogar amor y no dejarse amar. Vaciar el ruido a bocanadas cuando todo es lo mismo mientras cambia. Pedir perdón y cuentas y dejarse llevar por la constante de un silencio que no deja de hablar al otro lado de la puerta. Tapar las horas con gestos de paciencia. Abrir las ventanas. Sembrar mentiras sobre un suelo impronunciado. Inventar escenarios propicios al afuera. Acariciar los ojos que esconden la belleza y besar muy despacio ese camino errado cercado de  minúsculas.


lola lópez-cózar


Cuando bailo con el paisaje a través de las ventanillas del amanecer, es a ti a quien abrazo, son tus pies los que guio hacia mí, es tu boca donde quiero acabar.


lola lópez-cózar

corazón de esponja


Las constantes del frío, del color amarillo, del silencio que va rompiendo en gritos, irreparable soledad, muro de acero, cráneo contra cráneo y corazón de esponja.
Hagas lo que hagas ya quédate desnuda. Permeable la piel que eriza en llanto. Una copa de vino a la salud de nadie, otra constante más como una piedra, objeto arrojadizo que lanza y vuelve.
El futuro es ayer y ya no vale. Vas soltado semillas pero en la tierra es tarde. Amanecer en bucle hacia la noche. Espejo que detiene horas en años. Culpable de no estar ni haber nacido. La vejez se anticipa muriendo lenta. Escapar es el verbo que rehuías.

lola lópez-cózar

de la calma a tus brazos


Déjame recorrer la distancia desde el miedo al a salvo, y coser los silencios para fingir que escapo, y palpar los cerrojos con la luz apagada, y pensar que las rejas toman preso al abismo. 


Y cuando el pulso suelte sus cifras astronómicas, y el ruido no hable de amenazas, y los cerrojos cedan con solo abrir los ojos, y el abismo se marche hacia otro lado, déjame desandar la distancia de la calma a tus brazos. 


lola lópez-cózar

parques


Desandar las noches con el frío. Desandar la prisa que te espera con la paciencia rota de la alerta. Desandar un por qué no, un cuándo, un corre hacia tu casa. Viajar en el tiempo, de espacio la mañana mojada de tristeza, los niños, las mochilas, las madres, los colegios. Desandar. Desnudarte la piel y tomarla prestada, y sentarme en el banco detenido, y mirar por tus ojos la palabra descanso al otro lado de mi espalda.

lola lópez-cózar

déjame un tiempo muerto


Déjame un tiempo muerto que me calme la vida. No me busques en aquello que quieres encontrar. El guión ya no encaja con ningún personaje.

Déjame un tiempo muerto que coloque las piezas que de apretar saltaron y no cuentes las horas para ajustar tus plazos.

Me ocupé de los días, de los días que llegan y que existen, bordé nexos de unión para que sucedieran, más allá la enorme nada donde no caben promesas, contratos de eternidad que se sostengan.

Me ocupé del amor y de los días, y ahora quiero crecer en un texto distinto, directo hacia la luz con sus hojas caducas, con las raíces firmes en un campo sin vallas, desconcentrado y libre, disperso y a sus anchas.

lola lópez-cózar

De la nada un posible


Ladran los perros potenciando el silencio que evidencian, multiplicando la soledad donde no somos más que cuerpos frágiles en un camino equivocado. La belleza dimite de los ojos en un entorno de cielos estridentes con pájaros que se lanzan al vuelo sin dudarlo. La tierra engulle huellas y excrementos, el horizonte de la esperanza idiota donde todo es posible porque no hay nada hecho.

El tiempo hace trampa y se detiene, te mira para que te preguntes por qué y dónde, para que te respondas nada y grites encarando el silencio que evidencian los perros, la soledad de ese cuerpo tan frágil, la validez de un camino que no está equivocado, de un horizonte que te llama idiota por dejar escapar la belleza que chilla, la esperanza de hacer de la nada un posible, de un posible una vida, de esa vida un tiempo que arranca y no se para porque tú sientas miedo.

lola lópez-cózar

no



bajo los párpados
no puedo sostener
la mueca de creer
lo que me dicen
sé que buscan
espejos
súbditos
frases convencionales
sé que van a matarme
cuando toque jugar al desamor
cuando quieran firmar
las palmas de mis manos
y yo diga que no
made in un lugar tan extraño
que solo existe
en los niños que arrancaron
el vuelo en horas de colegio
o surcaron los mares
saltándose meriendas
cuando yo diga no
mis manos son del viento
no están a toda costa
acarician como si fueran brisa
de un bosque enamorado
pero también destruyen el paisaje
basado en la mentira
como los huracanes
que pasan por la pose
y la derriban
mis manos son hormigas
que levantan su peso redoblado
y todo lo hacen leve
y hasta a veces posible
y también son cigarras
por puro amor al arte
al arte de vivir
como si fuera raro

lola lópez-cózar

plumas


Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, cualquier semejanza con los sueños es azar solamente.

Se llenaban de pájaros los folios, dibujaban la luna en semicírculos, querían escribirte con las plumas que desisten en otoño, con las que caen para ser palabra, para ser sonrisa y daño irreversible, para ser reflejo sesgado de la vida.

Partían del viaje, del constante viaje de las olas, ida y vuelta cuando nada es lo mismo.  Acariciaban el cristal donde se muestran los paisajes y una mano volteaba lentamente, plataforma de despegue, impulso y despedida.

Decir adiós es siempre tan difícil, arrancar las huellas de la superficie de los días y saber que el final es un punto y aparte que no supo seguir de otra manera.

Sin nada que explicar, los pájaros, la luna rota de menguar, las olas con su ida y su vuelta tan distinta, llenaban el papel con su reflejo sesgado de la risa, amortiguando en sílabas su daño irreversible.

Alguien quiso ser musa de profesión estable, alguien quiso ser nadie aunque no la creyeran, alguien vio demasiado y se instaló en el frío, alguien dijo poeta con la boca inclinada de la rabia y nadie fue escribiendo con las plumas perdidas el azar de los sueños, la realidad escindida, los puntos suspensivos donde acaba la vida…

lola lópez-cózar

origen


Explicar el origen del llanto, cuando el hombre está solo y el mundo no se entiende.

Explicar, carente de lenguaje. Aprender a nombrar montañas de silencio, latigazos de sombra, el origen del miedo.

Callar, caer, correr mil pasos y un cerrojo, alambradas y abismos.

Esperar la llegada del sueño, el sobresalto, el tripe mortal, la huida sin escondite de los años y al principio el origen, las respuestas viciadas, el pensar para qué, hasta cuándo, por dónde, por dónde queda ahora un mundo que se entienda o el final de ese llanto.

lola lópez-cózar

páginas


Cuántas páginas para cerrar amores que no mueren, amores que palpitan, se estresan, se confunden, amores que olvidaron amarse mientras se poseían.

Dame tus ojos, tus dedos, tus lunares, la suavidad inenarrable de tu piel.

Pedir lo que ya forma parte inseparable de ese yo que vamos destruyendo camino de una reconstrucción poco probable.

Pedir la piel y el derecho a estar en desacuerdo.

Pedir los labios y convertirse en dueño de todas las palabras.

Pedir los dedos hasta alcanzar las manos y anudarlas.

Cuántas páginas para cerrar la última, para saber que la próxima despliega alas, alas pintadas sobre el gran decorado del amor.

Territorios marcados, animales en vela, celo ciego que arrasa cuando pisa.

lola lópez-cózar

quise


Quise preguntar por qué sin delatarte. Dejar señales como migas de pan para tu hambre, como piedras preciosas para tu soledad.

Quise leer los subtítulos de una película imaginaria y perseguir caballos tras las huellas de un lobo en estampida.

Quise cambiar los filtros y dotar de estrellas luminosas al blanco y negro de todos tus silencios.

Quise sacar de ti un tú más llevadero que confiara en los cambios adelante, que dejara los ciclos repetidos que se muerden la cola sin moverse del sitio.

Quise decir te quiero y traspasar las sílabas y quedarme en los actos y mirarte a la cara y no esconder mentiras.

Quise pensarte de todas las  maneras y no perderte nunca en ningún universo paralelo productor de distancias insalvables.

Quise darle un margen de error a la evidencia y significar algo más que un rescate en las tardes de lluvia, algo más que un poema en una noche helada.

Después, no quise nada.

lola lópez-cózar